domingo 5 de julio de 2009

El uso paraelórtico de la palabra "mismo" como sustantivo cuando no debería usarse como sustantivo, un flagelo que nos flagela a todos por todos lados

"¡Madre! ¡Feliz día de la misma!"
Saludo afectuoso de un niño ignorante
aunque "alfabetizado"
a su madre en el día de la misma.

Recordarán mi afición a la corrección de textos y la edición *de los mismos.

Lo que sigue está tomado del Diccionario panjispánico de deudas de la Yeal Hacademia Spagnola, "limpia, fija y da esplendor" (desinfecta, también, y mejor que el Glo-Cot y el Mr. Músculo juntos), bajo el lema "mismo".

(El signo Marca de incorrección. marca lo que está mal)

mismo -ma.

[...]

3. El adjetivo mismo puede sustantivarse, manteniendo los sentidos de identidad y de igualdad o semejanza que le son propios: «Sus ideas reformistas solo cambian de posición, pero son las mismas» (Vitier Sol [Cuba 1975]). A pesar de su extensión en el lenguaje administrativo y periodístico, es innecesario y desaconsejable el empleo de mismo como mero elemento anafórico, esto es, como elemento vacío de sentido cuya única función es recuperar otro elemento del discurso ya mencionado; en estos casos, siempre puede sustituirse mismo por otros elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales; así, en Marca de incorrección.«Criticó al término de la asamblea las irregularidades que se habían producido durante el desarrollo de la misma» (País [Esp.] 1.6.85), pudo haberse dicho durante el desarrollo de esta o durante su desarrollo; en Marca de incorrección.«Serían citados en la misma delegación a efecto de ampliar declaraciones y ratificar las mismas» (Excélsior [Méx.] 21.1.97), debería haberse dicho simplemente ratificarlas; en Marca de incorrección.«El que su acción fuera efímera, innecesaria, no resta a la misma su significado» (Abc [Esp.] 29.9.74), hubiera sido mejor no le resta su significado. A menudo, su simple supresión no provoca pérdida alguna de contenido; así, en Marca de incorrección.«Este año llegaremos a un billón en exportaciones, pero el 70 por ciento de las mismas se centra en el mercado europeo» (Razón [Esp.] 18.12.01), pudo decirse, simplemente, el 70 por ciento se centra...

[...]


Y esto es bastante suave de parte de la Academia. Siendo que este diccionario de dudas se consulta en todos los países "hispanoparlantes", que tenemos nuestras modestas academiecitas sumisas todavía a los mandatos reales (ay, es la lengua en su estado puro allá en España, ¿vistes? Aparte acá qué tiene de real la academia, es de letras, no de lengua; de un cachito del lenguaje y no de todo), su condena del error, repulsivo error, que está cometiendo quien usa "mismo" de este modo debería ser tajante, para ayudar a que se asiente el miedo a usarlo para no quedar como el orto y poder irnos sacándolo de encima.
Pero si hasta los jueces de la Corte Suprema lo usan, cómo va a estar mal.
Qué sabe un juez del castellano. Creés que el juez se sienta y pasa por escrito él solito todas las resoluciones que tienen que escribirse. Que sepa de leyes. Más que suficiente. Pero que el que pasa por escrito lo que bosquejaron los jueces quiera a su idioma, viejo, un poquito aunque sea.
Se revelan varias cosas cuando se escuchan asquerosidades como estas de "mismo" usado así. Por un lado, la falta de respeto por quien lee, así nomás. Aunque podría considerarse que quien redacta el tipo de textos que llevan este tipo de error de a docenas (textos administrativos y periodísticos, como dice el artículo, es bien cierto) está tan acostumbrado a leerlos que ni siquiera los "vive" como un error.
El problema es, como dijo una vez Dolina, cuando aparece en textos escritos por gente que cree que escribe bien al usarlos.
Sorprende verlo en traducciones de literatura, porque muestra que el que lo traduce es demasiado inexperto: un abogado que sabe algo de inglés, si una vez fue a Miami y se defendió re bien, pero ahora está necesitando unos mangos, o un periodista que sabe algún idioma de oídas... Tipos que de pedo pegaron una traducción, que es lo que se imagina uno cuando lo encuentra tal vez diez veces en un libro de 200 páginas en una colección berreta y de saldo tipo Booket.
Pero no, uno busca en los créditos y se encuentra con que el traductor es un Dr. Virgilio Phulanopolus, Catedrático en Literatura y Cultura Latinas de la Secretaría de Estudios Apuléyicos de la Facultad de Filosofía y Letras por la Universidad Homérico-Hesiódica de Atenas, cuya tesis de doctorado se titulaba "El aprendizaje del verbo sum y la influencia del mismo en la construcción de la subjetividad en las colonias norafricanas durante el imperio de Malusbonus César, el Azotador Gramático, aquel que reventaba los cráneos de los esclavos que no declinaban correctamente al propinarles en la coronilla un fuerte golpe con su grueso códice de gramática latina comparada", como sucede con las introducciones de la colección Clásicos Gredos que está publicando ahora RBA - Nuevo Extremo, tan linditas y prolijitas y con la traducción tan buscada y deseada por los amantes de la mitología o la filosofía de la tradición greco-latina, esa traducción siempre alabada hasta el hartazgo por su supuesta fidelidad al idioma original, en un alarde de conocimiento impensable en quienes sus (nuestros) conocimientos de lenguas muertas no pasan quizá del circunstancial ubi (in + ablativo) y la segunda declinación del latín o de meramente el dibujo del alfabeto griego.
Ojalá sea que tomaron los textos de Gredos y, por las dudas, como los escanearon [que se ve a un kilómetro que hicieron eso en errores tan pedorros como "carnino" por "camino"], los dieron a corregir a un corrector que cobra barato y sobrecorrige, mete este error creyendo que poner "Aristóteles escribió su Metafísica en el siglo tal. Ésta no fue conocida en Italia hasta tal año" está mal porque suena feo y que lo correcto, si lo escribiría así un juez, es "Aristóteles escribió su Metafísica en el siglo tal. La misma no fue conocida en Italia hasta tal año".
Ya al ver un "la misma" uno siente desmoronarse todo el cimiento que había establecido el prestigio del que gozan estas traducciones desde la página 15. Ya uno se espera que, si redacta así un breve ensayo en el que podría hacer gala de sus habilidades retóricas y saberes sobre el tema de que habla la obra que se viene avecinando unas páginas más adelante, el traductor ya destruyó el poema épico que íbamos a leer, alteró el concepto de logos hasta convertirlo en algo [todavía más] incomprensible, y seguiremos con las ganas de aprender latín o griego como para llegar a leer nosotros mismos a los grandes ancestros de nuestras ideas sin el toquecito de los traductores postmodernos que tenemos.
Si agregamos que cada traducción moderna tiene abajo -o encima- incendios, inundaciones, papiro, pergamino, papel, la mano tachonadora de los monjes que fueron "copiando" el texto por casi mil años, la mano pegoteada de los mercaderes que lo fueron pasando de continente en continente, la mano enchastrada de los editores que lo vienen retocando a gusto y piacere de Gutenberg para acá, el dedo babeado del lector desubicado, la cera parafínica derramada por el lector desvelado... a lo mejor Platón era un tipo que escribía recetas de comidas típicas griegas, Homero, un personaje de la tele, nomás, Hesíodo, un romano, Esopo, un estratega persa, Apuleyo, autor de Las mil y una tardes. La solidez que uno atribuía a cada libro no es tal. El mismo se nos escurre entre los dedos como masa de pan con demasiada agua.
Y no hace falta ir tan lejos.
Es común ver manadas de "los mismos" en las traducciones de autores de habla inglesa contemporáneos. En casi cualquier libro. Sorete. Traducí como hiciste siempre, so bestia, palabra por palabra, si dudás. No hay textos en inglés que digan "Aristotle wrote his Metaphysics in some century. The same was not known in Italy until the year...".
¿En qué cuernos piensan cuando escriben? En la misma.
¿Cómo aprobaron los exámenes de la universidad o terciaria a la que fueron? Con el mismo.
Tírense a un pozo.

viernes 3 de julio de 2009

Plinplaf! not dead

Quería evitar estos comentarios, pero se me escapan.

Hoy en el diario Juicio Propio, en el suplemento Diéresis. Cultura y medios, página 144, abajo a la derecha, casi en el margen, ahí, eso, eso, se publicó una pequeña nota referida a nuestro humorista gráfico estrella y su ¿extraña? participación en la exposición "¿Y el humor gráfico hoy?".


Plinplaf! el humorista gráfico sin par, aquel que pasó a la
historia el día en que acuñeó la frase "Tipo que se me
complica distinguir qué es den serio y qué es verdad"
, cimiento basal
fundacional y fundamentacional de este periódico dijo, al
presentarce como ex positor principal: "¿El humor gráfico hoy?... Y, loco...", mientras se proyectaba a su espalda una biñeta
destinada al público infantil haciendo referencia a una
película de los años ochenta de la que sólo pueden conocer por historias
familiares
.

Y encima bajo del refugio y me cuentan lo de Cascioli.
Carajo.
Lo conocí por teléfono porque hice un trabajo sobre "Las puertitas del Sr. López" -historieta de la que fue editor, que salía en la Péndulo- para la facultad cuando estudiaba Edición de libros, y fue él quien me ayudó a ponerme en contacto con Altuna y Grillo para poder charlar con ellos.
Y fuera de eso, fue el único que me hizo llorar de risa con sus caricaturas. Creo que es el caricaturista con quien aprendí lo que era una caricatura. Y lo que era un editor de revistas. Que atrás de una revista, de una industria, podía haber una sola persona dando lugar al que tuviera ganas de dibujar. Simple. Y persona.

jueves 2 de julio de 2009

Reapertura

Volvió el blog que nadie esperaba que volviera.
Y no va a tener nada que ver con lo que era antes.
Me pasaron muchas cosas estos últimos meses y necesito dejarlas escritas para que las lean los cercanos, cosa de no tener que estar mandando mails a troche y moche.
Este verano, después de veinticinco años de vivir incómodamente -incómodo es poco: tal vez sea mejor fetal, imperfecto, larval, triste, deprimido, solitario, infantil, incompleto, inmaduro, como dentro de un caparazón, de un cascarón- en la irónicamente bautizada hoy Buenos Aires, después de trabajar un año en Errepar, me tomé mis modestos primeros quince días de vacaciones en la vida para conocer un poco de la Patagonia, ese ambiguo lugar producto de la mezcla de unos paisajes que podrían ilustrar cuentos de hadas con una historia de vileza desmedida que alimentaba mis fantasías desde chico, con el deseo de quizá dentro de diez años, con una carrera terminada, tal vez hasta con hijos, poder venirme a vivir por esa/esta zona.
Lo conseguí el lunes de la segunda semana de vacaciones. 9 de marzo.

Llegué al aeropuerto de Bariloche un sábado. Sólo el haber volado en avión sobre La Pampa ya me había convencido de que no quería volver más a Buenos Aires. Y cuando salí del aeropuerto y vi esas montañas a lo lejos, el desierto, la ruta y el cielo ahí encima y el viento me pegaba en la cara, me dije "si me tengo que volver ahora mismo, no me quejo, pero me voy a venir a vivir acá como sea". Empecé desde el primer bar en el que comí a preguntar si necesitaban gente para la temporada alta.
Después de conocer fugazmente Bariloche, Villa La Angostura, y Villa Traful, preguntando a todo el local con el que me cruzaba cómo había venido a vivir acá, vine a El Bolsón el sábado 7. Paré en un hostel. Fui esa noche a la Fiesta del Lúpulo, una especie de versión patagónica de la triste feria de ropa trucha de La Salada. El domingo, a ver a una banda compuesta de dos hangs, un bajo acústico y una guitarra a Tinta Roja, un centro cultural impresionante. Y el lunes, ese lunes, después de hablar con Belén, la chica que atendía el hostel, también porteña, de veinte años, que vino de vacaciones y terminó trabajando en un refugio de montaña, "El Retamal", y a quien ametrallé a preguntas sobre cómo había hecho para conseguirlo, salí con una chica que estaba parando en el hostel, Laura, al refugio "El Cajón del Azul".

Qué es un refugio de montaña. Son, como el nombre indica, lugares donde se da hospedaje a la gente que recorre las montañas. Se puede pasar y tomar un mate o almorzar, o quedarse a dormir una o varias noches, en carpa o en las cabañitas que se ven en las fotos de los links, por un precio o “de onda”.
Iba camino al Cajón, el refugio que más turistas atrae en la zona, y pasé por uno que ni siquiera aparece en los mapas, "La Playita del río Azul". Es el primero después de casi dos horas de caminata por un camino para caballos muy sinuoso (horizontal y verticalmente) por dentro de un bosque de cohiue, ciprés, alerce, rosa mosqueta y muchos etcéteras, y uno de los más hermosos refugios, apenas a unos metros del río color turquesa (no entiendo por qué lo llaman “azul”), con una casita que necesita de alguien que la cuide en invierno: ahí entro yo en todo esto...–, charlé con el dueño del refugio sin poder parar de destacar la belleza de sus tierras y aguas y piedras y árboles, quejarme de mi vida triste en la Capital, de mis carreras abandonadas, de mi trabajo gris, monótono, tedioso y poco redituable excepto en términos de compañeros en Errepar; en fin, de mis debilísimas ataduras a aquel manicomio gigante (ver la película "Hijos del hombre": ciencia ficción naif y agorera o verdadera predicción de la violencia en las ciudades del futuro), hasta que, tras unos larguísimos... cinco minutos de charla o menos, sin saber siquiera mi nombre y con la sencilla razón de mi, textual, “cara de bueno”, me ofreció cuidar el lugar durante abril porque, si queda abandonado, se nota en seguida: se llena de bichos, ratones y pájaros, se rompe y lo rompen, si pasa alguno y lo ve deshabitado hablará por años –y en un radio de varios miles de kilómetros– del refugio abandonado, al cual nadie querrá ir, si ni aparece en los mapas que se entrega a los turistas en los centros de información y los que visitaron la zona lo vieron abandonado.

No soy guardabosques, no brindo primeros auxilios, no sabía ni hacer fuego. Pero me quedé. Ahora soy el refugiero de "La Playita". El mes que iba a pasar se fue alargando a todo el invierno. Por ahora, tengo asegurado el trabajo hasta el verano inclusive. Ya veremos.

Mi tarea consiste en cuidar el lugar y atender a la gente, como si eso resumiera todo... Es convidar con un mate a los que pasan; o con café, o con agua del río, u ofrecerles un reparo de la lluvia, un lugar para acampar, una charla junto al fuego, invitarlos a dormir en una habitación dentro de esa cabañita que se ve en las fotos, cuidar que gentes dañinas no pasen y rompan el lugar por encontrarlo abandonado (no estoy armado ni es necesario; con que haya alguien, suficiente para que no haya “bardo” adolescente).
En realidad, lo que hago ahora, que es temporada de lluvias, heladas y nevadas, cuido a mi gatita (Pereza, se llama, el primer gato "mío" de mi vida), practicar guitarra (aprender todo de nuevo, mejor dicho, que desde los quince no tocaba) para amenizar fogones, aprender a escuchar a Atahualpa Yupanqui y otras músicas a las que me había cerrado en mi flamante mp4, leer, hacer fuego, leer, dibujar, leer, escuchar la radio (FM Alas), escribir cartas con tinta china (van cuatro o cinco, ya te llegarán si me envías tu dirección), aprender a tallar madera con una trincheta (estoy haciendo un ajedrez), charlar con los otros refugieros (el gato me lo regaló Sebastián, de "La Tronconada", por ejemplo; Mariano, de "El Retamal", vino a la misma edad que yo, ahora tiene cuarentipico de años, y nos caemos bastante bien, cada vez que pasa de camino al suyo se queda a charlar conmigo), con los que organizan cabalgatas –tengo un casi amigo, ya, también escapado de Buenos Aires, pero hace varios años, que llegó cuando tenía dieciséis años y lo primero que hizo fue comprar un caballo, así que ahí anduvo unos meses, con su carpa, su novia y su caballo, hasta conseguir un lugar donde los dejaran vivir a los tres y trabajar, y ahora se queda a almorzar conmigo cada vez que viene, me sube comida, le pregunto sobre caballos, lo ayudé a herrar uno que había perdido una herradura–, aprender a prever de dónde y a qué hora saldrá la luna, aprender nombres de árboles, de hongos, de hierbas, de flores, de insectos, de piedras, de montañas, de ríos y arroyos, distancias, planear mi futuro taller de imprenta à la Manuzio que estará perdido en las montañas, si no estas, en algunas otras, pero ya me decidí a no volver a vivir en una ciudad.
Puedo ver crecer mi barba, decrecer mi cintura, endurecerse mis bíceps, abro agujeros nuevos a mi cinturón, se agrietan las yemas de mis dedos. Armo “compost”, practico mi inglés –casi más que mi español, lo practico, for Christ sake, si de repente me encuentro pensando en inglés lo que voy a decir y traduciéndolo al español–, aprendiendo a pescar y limpiar y cocinar de varias maneras un par de truchas cuando se me acaba la carne, esperando “pescar” una suiza o eslovaca o francesa o porteña... que se anime a quedarse un invierno conmigo, o, con un poquito de resignación por lo de las chicas pero no sin alegría, convencer a algún amigo de que se venga a pasar unos días.
O puedo mirar por horas las cimas nevadas en busca de cóndores –ya vi uno y casi me muero de emoción junto a dos mochileros; se nos atragantó un almuerzo cuando el monstruo ese pasó por sobre nuestras cabezas, planeando y subiendo y subiendo, negro y gigante, a las cumbres nevadas–, o soñar con hacer ala delta y pasar a visitar sus nidos.
O puedo aprender a cultivar mi propio alimento –o buena parte de él, que las galletitas Express no crecen en los árboles, según dicen–, a hachar leña, a hacer fuego con madera mojada, a hacer pan –el mejor pan de los refugios del río Azul se vende en La Playita, según se rumorea, jejeje; con el alma de gordo y los antepasados que tengo...–, a manejar una motosierra, a imaginarme cómo será levantar una cabaña de troncos o de barro y piedra, a hacer mezclas de cemento y arena para armar pisos de baldosas -a hacer pisos de baldosas, que ya ayudé a hacer uno-, cuáles son las hierbas que hacen té, cuáles curan, cuáles enferman, cómo espantar zorros, cómo seguir el rastro de una vaca, o de un puma, o de un chancho, o de un huemul (mirando cacona), leer, mirar el fuego, tapar goteritas, leer... no sé cómo definir esto sino como felicidad completa.

Lean a Henry David Thoreau y miren "Into the Wild".


Iré corrigiendo esto y agregando fotos y links más adelante.