Salieron muchos, pero muchos, pero pedorros, dibujos. Este es el único que más o menos zafa, después de un viernes largo, largo, largo y solo, solo, solo, de soportar desubicados/a compañeros/a de clase (y comprobar que uno se convierte más a menudo de lo que piensa en el monstruo que persigue), de intentar comprender a mis jefas, de ser soportado por amigos nuevos y por amigos viejos, de leer textos para la facultad repetidos (que son los mismos de otra materia que cursé el año pasado, digo) en algún parque Rivadavia, de tirarles piedritas a unas palomas, de envidiar parejitas, de ver pasar por el medio del parque a Andrés ¿Accorsi se escribe? hablando sobre historietas con un pibe que llevaba una remera de Skeletor, de cenar en cuotas: un helado empalagoso a las cinco, primero, y de postre, un tostado frío a las siete y media de la tarde, de muchos baches y cagallones (si se puede decir así la palabra) de perro bajo las ruedas de mi bicicleta, todo el tiempo acompañado por el constante pumpumpumpum o toingtoingtoing de sendos discos de Nile y de Primus en el reproductor de mp3 y de partir rumbo a las Bacanales con una sonrisa amplia de oreja a oreja.
Esto quedó de esa noche, decía:

Vi dos mujeres desnudas, uno de los -legendarios- sombreros de Lucas Varela, su marcador-pincel, originales de su recopilación
Estupefacto, la habitual tropa de dibujantes entonados en pleno frenesí creativo de la que, oh sorpresa, formé parte. Por fin casi me sentí par de alguien, diría, o parte de algo, quizá, cuando, después del dibujar, me encontré hablando sobre el dibujo con dibujantes, extrañamente, con lo que me cuesta sentirme par de nadie, y ni me di cuenta de que lo estaba haciendo.
Soy todo un artista, ahora, sí señor, si dibujo al son del jazz y me codeo (literalmente, que los sillones eran apretados) con artistas, sí. ¿Esto es pose o lo hago porque realmente me gusta? ¿Lo disfruté? ¿Lo disfruté en sí mismo o porque debía disfrutarlo? No hubo tiempo de preguntarse eso hasta hoy. Ah, así que así era la cosa, entonces. ¡Con razón!...
Aclarando, que oscurecía: No, no soy artista, no me olvido, ya sé, soy aficionado, ya sé, por si no fui claro antes, que era a propósito, o tal vez no; pero estuvo entretenido parecerlo por un rato, condenado Crítico que Todos Llevamos Dentro.
Mirá qué artista sin par, ¿eh?:

¡Fah! ¿Cómo? ¿Que un nene de 3 años lo haría mejor? Eso quisiera verlo.